lunes, 6 de julio de 2009

El sida vende


El sida vende.

Las injusticias sociales, no.

Pretender en este país que alguien que solo disponga de una pensión no contributiva(o similar) pueda subsistir con ella, es como ametrallarlo con una AK-47 y luego darle una tirita para que se tapone las heridas.

El otro día leía las miserias de un señor de Madrid de 54 años que debido a la miserable pensión que cobraba y su lamentable estado de salud, se veía abocado a la mendicidad, lo cual (según él) cada vez le provocaba mas vergüenza.

La historia de este señor no es nueva, desafortunadamente cada vez es mas frecuente en nuestro país ver a miles, cientos de miles de personas que día tras día ven como han rebasado con creces el umbral de la pobreza, obligados a mendigar, a rebuscar por los contenedores de los supermercados o a hacer grandes colas en los comedores sociales para llenar con algo caliente sus miserables estómagos.

Pero el caso de nuestro amigo Vicente García, quizás no hubiera saltado a los medios de comunicación si no hubiera sido porque a su lamentable y precaria situación, se haya añadido la palabra SIDA. Nuestro amigo relata su rocambolesca historia personal en el rotativo digital 20 minutos. Como llegó a la situación en la que se encuentra, victima de un atraco y como fue pinchado con una jeringuilla, supuestamente infectada con el VIH.

Quizás Vicente haya sido utilizado por los medios de comunicación como victima de una discriminación positiva.

No queremos eso.

Ni tratos de favor ni tratos de discriminación. Si es de justicia que Vicente tenga lo que pretende, ¡adelante dárselo! Un acto de justicia aislado sin tener en cuenta al resto es una injusticia dirigida a los demás.

Mi vecina Dña. Engracia solé, tiene 82 años, vive sola en una casa de alquiler de renta antigua desvencijada y en un lamentable y ruinoso estado.

Nunca ha salido en ningún medio de comunicación

Cobra 365 euros al mes. Se arrastra por las calles con un andador que le proporcionaron los vecinos. Dña, Engracia aun espera unas ayudas que su presidente, el presidente de su país, al que ella colgada de su andador fue a dar su voto, le prometió. Le dijo que ni una sola persona que no fuera autosuficiente se quedaría sin una ayuda, personal o compensatoria. Su famosa “ley de dependencia

Después de dos años y medio de aprobar la popular ley, yo aun no he visto un céntimo ni un apoyo humano. Dña. Engracia tampoco.

Pero mi vecina no tiene el sida, quizás sea la única enfermedad que no tenga.
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