Mostrando entradas con la etiqueta quinquis de los 80. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta quinquis de los 80. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de julio de 2010

Quinquis de los 80 (del arroyo a los centros de cultura)


¿Que pensaría el Vaquilla?

¿Qué podrían argumentar personajes como el Torete o el Jaro del interés que 25 años después, han despertado sus fechorías?

¿Qué pensarían al saber que, hoy buena parte del mundo del arte y la cultura simpatizan con ellos?

Posiblemente entrarían en esas Salas de Cultura o museos donde exhiben sus biografías y aligerarían de sus Iphones y portátiles a toda esa cátedra de pseudos intelectuales gafaspasta que observan con mirada artística lo que para muchos no fue más que unos pocos chicos de una generación mal trecha que robaban Seat 124 y radiocasetes al ritmo de los Chichos y las Grecas

Posiblemente harían eso.

Pero eso no lo harán. No lo harán porque sencillamente están todos muertos, ellos y muchos otros que sin despertar el interés mediático que despertaron los arriba mencionados también formaron parte de una época de marginalidad, paro, drogas y nulas expectativas de futuro. Cayeron victimas del Sida, sobredosis, o tiroteados por la policía o en algún ajuste de cuentas relacionado con las drogas

Desde hace un tiempo, el  Centre de Cultura Contemporània Barcelona (CCCB)
viene exhibiendo la exposición "Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle", comisariada por Amanda Cuesta y Mery Cuesta. El punto de partida de la exposición "Quinquis de los 80" es la figura del quinqui acuñada por el cine de delincuencia juvenil que vivió su momento de apogeo en la España de entre 1978 y 1985.

Según cuentan la comisaria de la exposición, Amanda Cuesta, entre 1977 y 1985 se rodaron 30 películas sobre las andanzas de estos quinquis. Abrió la veda José Antonio de la Loma, con su clásico “Perros callejeros”, el biopic sobre El Vaquilla que no pudo protagonizar el ínclito atracador y asesino barcelonés, y al que finalmente encarnó El Torete. Por su parte, Eloy de la Iglesia hizo lo propio con El Jaro, retratado en el filme “Navajeros”.



Todas esta serie de películas (la mayoría de ellas infumables) y la iconización por parte de los medios de comunicación sensacionalistas de la época (interviú, el caso…etc.), aderezado con la banda sonora de Los Chichos, Los Chunguitos, Los Calis, hicieron que estos jóvenes delincuentes pasaran a ser el referente de los nuevos aspirantes a quinquis que habitaban en los barrios de La Mina (en Barcelona), San Blas (en Madrid), Otxarkoaga (en Bilbao) y muchos otros barrios de nuestra geografía.



En los años 70/80 la heroína entró en los barrios españoles sin previo aviso
, todo el mundo desconocía sus consecuencias. Se llevó por delante a los quinquis, a los artistas, a los eruditos, a los currantes a los parados. A chicos de familia bien, a chicos de familias desestructuradas y a todo aquel que se le ocurriese coquetear con ella…luego estos chicos que pegaban tirones a las viejas y “sirlaban” (atracaban) a cualquiera que  les salieran al paso,  no fueron ninguna excepción.



En los años 80 al margen de los quinquis de La Mina, había otra seria de delincuentes que atracaban bancos, furgones blindados y empresas multinacionales. Ellos también fueron engullidos por la heroína pero no lo hicieron al son de Los Chichos ni de los Chunguitos, sino al estruendo de los acordes de Lou Reed o Iggy Pop.

Quien sabe si dentro de 25 años le harán una retrospectiva en algún museo de arte moderno a estas bandas del este que roban y machacan a los jubilados que viven en tranquilas urbanizaciones para hacerse con su televisión de plasma o los 200 euros que guardan bajo sus almohadas.