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miércoles, 24 de febrero de 2010

Los grandes olvidados


La crisis.


La maldita crisis.

Tras la caída de la construcción, de la gran burbuja inmobiliaria, muchos han sido los empleos que se han perdido. Demasiados.  Muchas han sido las empresas de servicios que arrastradas por el boom inmobiliario se han visto abocadas al cierre, y con ellas cientos de miles, millones de trabajadores ahora engrosan las listas del INEM.

Los daños colaterales producidos por la caída del ladrillo han sido enormes, de magnitudes solo comparables con la gran crisis del 29. Familias enteras donde todos sus miembros están en el paro, familias que pierden sus hogares por impagos hipotecarios, padres de familia que se tiran a la calle, recortada en mano, para llevarles el pan a la boca de sus hijos. Grandes sectores de profesionales de la población que tiemblan al ver llegar al jefe de personal de la empresa. Que se hacen ca-qui-ta cuando les hacen llamar para entrar en su despacho. Una agonía. Una constante sin razón. Unos tiempos de angustiosa locura.

De todos estos colectivos de profesionales que han caído por el gran colapso del ladrillo, hay uno que si bien ya era el gran olvidado, ahora ha pasado a ser el gran invisible de la sociedad.

Nos referimos al colectivo de los Jubilados Mirones de Obras.

Ese ejercito de jubilados de avanzada edad, eran parte indisoluble de cualquier obra que se estuviere realizando en nuestras ciudades. No había obra por insignificante que fuera que no contara con un nutrido grupo de seguidores de la misma.

Ellos pasaban la mayor parte de su tiempo, con sus ojos clavados en esas macro construcciones con sus narices pegadas a la vaya o tras las lona que cubría la fachadas.

Ellos, contemplaban, analizaban, criticaban, recomendaba e incluso ordenaban las tareas que se habían de realizar en la obra;- ¡niño!, ¿no ves que ese mahón no esta a plomada?, ¿como coño vas a enrasar  este tabique?...anda!!! quítalo que como venga el capataz  te vas a cagar.

Ahora, tras la escasez de obras en ejecución, vagan por los barrios sin encontrar su sitio en la sociedad. Algunos se han reciclado en asesores sin honorarios en los centros comerciales. Los pasillos del Carrefour están plagados de jubilados que meten sus narices ante cualquier duda que tenga el comprador.- Srta. Discúlpeme, pero esa sandia no está  para comer ahora. –¡mire!, le dice cogiendo otra sandia y dándole golpecitos en su base- ¿escucha ese sonido? esta es la buena!, y si tiene duda rásquele con la uña en el culo de la sandia y verá ese color amarillento que es el que tiene que tener cuando la sandia esta lista para comer.

Otros avisan a los compradores advirtiéndoles que el kilo de júreles lo tienen mas barato en el Alcampo, y que si compra dos kilos el segundo se lo dejan a la mitad de precio.